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No nos dejes caer en tentación (Mateo 6:13)

Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. (Mateo 6:13; Lucas 11:4)

Al decir no nos dejes caer en tentación estamos pidiendo a Dios que no permita que caigamos en circunstancias demasiado difíciles para nosotros, y que siempre nos provea la salida de la tentación y la fuerza necesaria para soportar toda prueba. Así se desprende cuando leemos 1 Corintios 10:13 que dice: “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” Las Escrituras dejan claro que Dios permite que de diversos modos seamos probados para fortalecer nuestra fe y recordarnos nuestra necesidad de andar con nuestra mano firmemente puesta en la de Él (Gén 22:1; 1 Ped 4:12; Sant 1:2-4; 12-14; Rom 5:3; 8:18, 28) Las tentaciones o las pruebas no están permitidas por Dios para hacernos caer, sino para hacernos más fuertes y mejores cristianos. Así, no debemos entender que Dios nos protegerá de toda tentación, sino que no nos dejará caer. Otro modo de hacer la petición sería: “No permitas caer en pruebas que no podamos vencer con tu ayuda”.

Pero también debemos cooperar con la oración. No sería sensato meternos deliberadamente en tentaciones, y luego esperar que Dios nos libre. Muchas tentaciones nos rodean todos los días: en el trabajo, en actividades sociales y de entretenimiento, y aun entre amigos; por eso, debemos tener cuidado al escoger nuestros amigos y el ambiente donde nos movemos; eso nos evitaría muchas tentaciones. Pero la tentación también puede surgir en nuestro propio interior, quizá por algún fallo en nuestro temperamento, algún instinto carnal o alguna pasión. En vista de eso, necesitamos que nunca bajemos la guardia, como dijo Jesús: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil (Mt 26:41) Y una manera de evitar entrar en tentación es recordar siempre que Jesucristo nos acompaña, y por tanto debemos llevar una vida que sea digna de que Él la vea.

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